Los sabores cajún del sur estadounidense

Fitzgerald Haney, embajador de Estados Unidos en Costa Rica, dejó la diplomacia por unas horas para compartir la gastronomía de su país

Hay muchas maneras de compartir la cultura de un país. Para este comelón una de las mejores es, sin duda, mediante la gastronomía o cocina tradicional de una nación.

Es gracias a platillos que están arraigados a un pueblo que los podemos entender mejor. Por eso no es de extrañar que en Limón los platillos tengan ricos mariscos o en Guanacaste incorporen maíz.

El jueves 22 de junio el señor Fitzgerald Haney, embajador de Estados Unidos en Costa Rica, tuvo oportunidad de compartir en el país parte de la cultura de su nación.

La noche llevó por nombre Cocinando con el Embajador, organizada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos con el fin de promover platillos e ingredientes de Estados Unidos.

Estoy seguro que en el día a día del señor Haney hay mucha diplomacia, temas bilaterales, pero que bonito verlo por unas horas con un delantal, relajado, sonriendo mientras hacía de cocinero de comida cajún, gastronomía muy propia del sur estadounidense.

Desde luego lo de él es la política, por eso la Embajada de Estados Unidos en el país invitó al chef Ryan Hughes, de New Orleans, para que llevara la voz cantante. Además invitaron a la chef costarricense Doris Goldgewicht.

Los asistentes disfrutamos de platillos como pollo cajún étouffée sobre arroz, pollo frito sureño con ensalada de frijoles, manzanas creole al horno y el maravilloso New Orleans bread pudding.

He de confesar que mi favorito de la noche fue el pollo cajún étouffée sobre arroz. Mientras lo preparaban emanaron olores intensos de especias que pusieron a los cocineros a lagrimar y a más de un espectador a toser.

Pensé que sería muy pero muy picante, sin embargo cuando llegó la hora de degustar la sorpresa es que no fue así.

La base era un arroz integral, que como dato curioso, se prepara como la pasta. El pollo cajún étouffée es básicamente pollo desmenuzado en una enorme porción de salsa, con muchos condimentos y especias.

Con el primer bocado inmediatamente me trasladé a mi querido Limón, el Caribe costarricense. Era impresionante cómo encontré similitudes, puntos de encuentro entre ambos estilos gastronómicos.

Desde luego con sus diferencias, como la ausencia de leche de coco o el chile panameño. Pero sí reconocí que a pesar de las distancias, los pueblos tenemos tanto en común.

La verdad no solo me gustó, sino que me encantó. De hecho, y aquí es donde sale el gordito feliz que hay en mí, fui y repetí. Por dicha que nos compartieron la receta y espero algún fin de semana poder intentar reproducirla en casa.

Mi otro gran favorito de la experiencia sureña fue el New Orleans bread pudding.  Aunque debo reconocer que las manzanas al horno además de sencillas de preparar, tienen un gran sabor.

Mucho se dice a favor o en contra de los Estados Unidos. Todos tenemos derechos de tener nuestros puntos de vista, pero en lo que a mi respecta me encantó que los representantes de esta gran nación en mi país se tomaran el tiempo de mostrarnos un poco más allá de lo que los medios normalmente nos transmiten.

Queda claro que ellos también son la influencia de muchas culturas, que cada una aportó ingredientes, estilos de cocción y sabores. Ojalá y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos continúe promoviendo en maneras tan apetitosas los platillos e ingredientes de su país.

El señor Fitzgerald Haney se tomó muy en serio su trabajo de cocinero.

Los hijos del señor Embajador también cocinaron.

 


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