Johnny Rockets: Bailar para marcar una diferencia

La franquicia tiene tres locales en el país, su estilo es el de un diner de los Estados Unidos

Cuando enciendo mi teléfono móvil una manzana blanca es lo primero que veo; cuando conecto la lavadora de ropa hay una tonada muy sencilla que me indica que está lista para ser usada y así podría mencionar diversos productos que se desarrollaron para que sean únicos.

Puede ser que eso a mi me guste o no, pero sin duda ser diferente y único es importante en un universo donde hay tanta competencia.

El mundo gastronómico no es ajeno a esa lógica del mercado y un restaurante que me lo dejó claro desde la primera vez que fui es Johnny Rockets, una franquicia con comida tipo dinner de los Estados Unidos.

Una de las características que sobresalen de este restaurante que tiene tres locales (Plaza Lincoln, Plaza Universal y Multiplaza Curridabat) es que el personal se viste al estilo de los años 50 y 60 en Estados Unidos.

Pero aún más llamativo resulta que cuando uno ingresa en muchas ocasiones todos te saludan en coro o que con cierta frecuencia los colaboradores dejan por un segundo sus tareas y hacen un baile en medio restaurante.

Sin duda alguna eso los hace únicos, más allá de que si a mi me gusta o no. Hace un par de años yo fui por primera vez sin saber esos detalles y pretendía conversar de forma agradable y privada con mi acompañante.

No obstante ese estilo de su ADN, que además se acompaña con música que se escucha por todo el lugar, no me lo permitió y yo dije que pensaba no volver.

Pero como solo los ríos no se devuelven, unos días atrás Andrea Rojas y yo nos conocimos. Ella es la gerente de marca de Johnny Rockets y me invitó a hacer una visita con ella para que le pudiera preguntar lo que yo quisiera de ese estilo que los caracteriza.

 Y como yo cuando hay comida de por medio suelo decir siempre que sí acepté. La joven gerente me explicó que lejos de querer ser molestos para un comensal como yo, el objetivo de la franquicia es ofrecer un servicio al cliente excepcional y por eso todos saludan y despiden.

Lo del baile es parte del estilo de diner de los años 50, por eso con regularidad bailan y se ve que lo hacen con entusiasmo.

Viendo desde otras perspectiva el restaurante es sin duda muy bonito, especialmente para familias con hijos. También me di cuenta que fui yo el que equivoqué el lugar para mis propósitos de conversar en una primera visita.

De paso les cuento que probé unos Cheddar Bacon Loaded Street Tots, con cebollín, salsa de queso, tocineta y papitas ralladas. Una clásica entrada para compartir.

Una hamburguesa con queso, buen tocino es una gran compañía y algo que Andrea me contó que es de lo que más le gusta a sus clientes son los shakes.

Ahí mismo el gordito feliz antojado que vive en mí se enganchó del Peanut Butter Banana Shake. Y sí comiendo así es entendible que mi nutricionista se enoje conmigo, pero les aseguro que disfruté muchísimo comer esa tarde.

Conclusión: En ocasiones no es el lugar el que falla, sino yo al no elegir el correcto para la ocasión. Como dice el refrán “Para gustos los colores” y la cara de felicidad de muchas personas en el lugar me dejó claro que ellos disfrutan de ese estilo único de Johnny Rockets.

 


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