Conocer un país por su cocina

México siempre encanta con sus formas tan singulares para un tico al momento de preparar carnes, salsas y postres

Lo que voy a decir es tan obvio como decir que pasar por la Platina sin tránsito es de lo más chiva. Una de las mejores maneras de conocer un nuevo lugar es mediante su cocina, su gastronomía.

Ese es uno de los placeres que descubrí al comenzar mis viajes a México, en el 2014. Desde entonces cada visita es la opción de descubrir más a los hermanos de esta nación del norte.

Esta semana volví a Guadalajara, Jalisco, y en mi primera noche disfruté de un plato que al menos yo no conocía por este nombre.

En un hermoso restaurante abierto, La Casa de los Platos, con enormes arcos y lámparas envidiables, disfruté de un chamorro con verdolagas con frijoles.

La palabra “chamorro” era desconocida, por lo que mi amigo Joel tuvo la gentileza de traducirme de mexicano a tico. Es parte de la patita del cerdo y te lo sirven con todo y hueso. Se nota que la cocción es lenta, porque la carne se desprende fácil.

El sabor para mi, un amante de la carne, fue buenísimo. Uno puede tomar tortillas y hacer gallitos (tacos sería en México) o bien tomar trozos de la carne, revolverlos en una especie de guiso o salsa elaborada con las verdolagas.

Ese plato me reconfirmó que la carne de cerdo es muy bien valorada en estas tierras y que sus habitantes son todos unos entusiastas.

También el sabor de las verdolagas con frijoles me habló de otro punto que muchas veces se da como una generalidad, que todo en México es picante y ya ven que no. Porque si bien tenía un ligero sabor picante, era fácilmente tolerable por una tica que no come picante con regularidad.

Y para beber nos prepararon un cóctel en unas enormes jarras de barro que llaman cantaritos. Ahí combinan gaseosa de toronja, limón y toronja natural con muuucho tequila. Al final le ponen dentro del líquido un dulce de tamarindo picante, eso genera contrastes singulares.

Ojo sartenistas, porque cuando se prueba y más si hay calor, uno ni cuenta se da del alcohol. Es una de las formas de embriagar a los turistas sin que se den cuenta, yo ni les cuento cómo me fue (:

Saludos desde Jalisco.


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