El viaje por los sabores artesanales comienza en el Kilómetro Cero

Este mercado artesanal se instala cada sábado en el centro comercial Avenida Escazú

Quiero ser sincero, muy sincero. Siempre que escuché del mercado de productos artesanales KM0 (Kilómetro Cero) lo primero que se venía a mi cabeza era que todo debía ser carísimo. Pero nunca me di a la tarea de ir a comprobar si estaba en lo correcto.
 
Pero como a todo tamal le llega su diciembre, la semana anterior me fui a dar una vuelta y salí de un grave error. El lugar tiene precios super aterrizados y lo mejor es la maravilla de productos que uno encuentra.

Si es de los que lee poco le resumo: bien se puede ir a desayunar y con ¢3.200 come y bebe. Además hay productos envasados y procesados que bien harán de su experiencia al cocinar algo lleno de sabor.

Para quien tenga más tiempo de leer le cuento que este mercadito artesanal abre sus puertas desde las 9 a. m. y hasta las 2 p. m., se instalan en el parqueo al aire libre diagonal a la boletería de los cines.

Cada puesto de comidas, vegetales, carnes, bebidas y otros productos está ahí luego de pasar un proceso en el que los organizadores se garantizan que son artesanales, orgánicos y cuentan con los permisos sanitarios necesarios.

Ir a desayunar o almorzar es una maravilla, uno puede comenzar recorriendo cada puesto para conocer su oferta; en casi todos los puestos te dan muestras para que el comensal se haga una idea de lo que podría probar.

Uno puede elegir entre crepas, ceviches, cupcakes, emparedados elaborados con panes artesanales y veganos, comida árabe como falafel, croissants, gallo pinto y tortillas de queso, entre otros más.

En el lugar hay algunas mesas y sillas para poder disfrutar la comida.

En mi viaje exploratorio a KM 0 decidí disfrutar del emparedado de pan artesanal (sus creadores lo llaman prensadita) de especies, este lo elabora una pareja encantadora cuyo emprendimiento lleva por nombre Mi Jardín Artesanal.

Jamón de cerdo, queso artesanal, tomate orgánico y espinacas libres de agroquímicos eran parte de los ingredientes; luego a la plancha y para acompañar un jugo natural sin azúcar de sandía y limón.

De lo rico que estaba quería otro, pero sin duda esas son las cosas que mi nutricionista dice que no ayudan para mantener un peso ideal. Al final me porté bien y me vine con el antojo de regresar pronto para comerme otro.

Entre las comidas que disfruté en este recorrido, aclaro que en porciones pequeñas, fue el ceviche caribeño de Cilantro & Limón, otro emprendimiento de un joven chef.

Lo particular de este ceviche es el uso de la leche de coco y el jengibre para darle ese toque al bello Caribe costarricense que tanto seduce.

Y si son de comer pan, entonces casi como una súplica les pido que pasen por el puesto del restaurante francés Chez Loïc para que prueben sus croissant porque son ¡espectaculares!

Es irremediable mientras se recorre no terminar entablando conversaciones con personas como Laura Naranjo mejor conocida como Fly. Ella es la creadora de una salsa de estilo caribeño que se le puede poner a distintas comidas como el gallo pinto y darle un giro de sabor.

Qué más puede encontrar: conservas de tomate pera seco en aceite de oliva, quesos maduros y frescos que se producen al pie del volcán Turrialba, galletas, carne de pollo de pastoreo y hasta cervezas artesanales.

En el lugar me encontré a Ileana Rojas, la responsable de poner orden en el mercado, y me contó que la filosofía del lugar es proveer otro espacio al que se puede ir a comer de manera más saludable y de paso que se lleven productos para la casa para que los usen en la semana.

Además entre cada expositor se produce un encadenamiento, es así como quien hace paté de hongos lo elabora con los champiñones de otro expositor; o bien la mantequilla de Turrialba se emplea en diversos productos de otros puestos.
 
 
Para diciembre tendrán algunas novedades, por ejemplo una oferta de tamales saludables elaborados con ingredientes orgánicos lo mismo que queques navideños muy originales. Un detalle adicional muy valioso es que casi todos los puestos aceptan el pago con tarjetas de crédito y débito.
 
Sin cuentos chinos: el lugar vale la pena visitarlo. Yo me prometí volver, de pronto nos encontremos por ahí.Si van me cuentan qué tal fue su experiencia.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 


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