Si pudiera volver a mi infancia ¿qué me comería?

La nostalgia siempre nos gana, revivir los recuerdos de una época que no fue ni mejor ni peor, solamente fue nuestra época de infancia nos pone un poco sentimentales.

O a poco recordar qué se yo, los recreos en la escuela, las mejengas de calle o los chancletazos de las mamás no se nos mete una basurita en el ojo.

Hoy 9 de setiembre me puse algo nostálgico y aprovecho para recordar algunas de estos manjares que posiblemente todo nutricionista nos prohibiría en la actualidad, pero que nos hizo ser lo que somos.

Tomada de Cartago Al Día en internet.

En mi caso tuve además la oportunidad de crecer en una familia de pulperos. Mi mamá tenía una pulpería y mis abuelitas, una en Liberia y la otra en Orotina, también. Eso me permitió comer a veces más de la cuenta de cuanto producto comercial sacaban las marcas en los años 80 y 90.

La lista sería muy grande, pero mencionaré algunos que me generan especial nostalgia.

Los primeros digamos que son en la categoría de congelados. Los helados Cocoro, un símbolo cartaginés por excelencia. Eran helado caseros, de palito y sus sabores todos eran en teoría bastante naturales. Mis favoritos eran los de coco y unos que traían fruta pero no recuerdo si eran de natilla con fruta o leche agria con fruta.

Chocobananos.

En los 80s, según mi memoria, eran algo muy local pero con el tiempo se expandieron. No sé sinceramente que fue de la empresa, pero sin lugar a dudas esos helados le ganan a cualquier producto de mi niñez elaborado por alguna gran empresa.

No podría dejar de mencionar los chocobananos, aunque esos se mantienen hasta la fecha según uno ve por aquí y allá. Y en tercer lugar los apretados, al menos así los llamaban en Orotina y Parrita a una bolsita rellena de algún refresco en leche con maní o de crema.

En mi caso eran de mis favoritos los que hacían mis tías en Orotina. Dato curioso es que un compañero de Tilarán les decía chiribiscos o algo así, creo que solo en Tilarán se conocen con ese nombre.

La segunda categoría sería eso que comimos en los recreos y en lugar de matarnos nos hizo más fuertes.

Estudié en la Escuela Jesús Jiménez Zamora, en Cartago. Era enorme, fácilmente por turno 1000 estudiantes. Ahora imaginen que esos mil niños salían corriendo apenas sonaba el timbre del recreo con dirección a la única soda del lugar.

A mi no me hablen de carreras zombis o campo traviesa, llegar tan de primero se pudiera a la soda era tema vital. Una vez en la soda la ley del que gritaba más fuerte era la que hacía que pasaras más o menos tiempo esperando por algo para comer. 

Y desde luego, tenías que saber claro qué pedirías, porque no te iban a esperar mientras te decidías.

De la soda de doña Rosa (espero la memoria no me falle) nunca olvidaré las doraditas con salsas. Se trata de tortillas de maíz fritas en aceite y de tan fritas que al meterlas en bolsas de papel, estos empaques quedaban casi transparentes. 

Pero la historia no quedaba ahí. A eso súmele una cantidad inmisericorde de mayonesa y salsa de tomate de dudosa calidad.

Desde luego que en esos años también había otro manjar que no olvido: Las papas fritas de soda. Sé que ahora puede ser la cosa más normal del mundo, pero en los 80s para mi familia era un lujazo eso de ir a una soda y comprar papas fritas. 

Eran naturales, nada de papas congeladas como ahora y con mayonesa era la gloria. Desde luego servidas también en bolsas de papel.

Para ponerle un rumbo al final de este artículo mencionaré algunas bebidas que me trasladan a mi niñez.

La primera son los refrescos de cola y zarza parrilla. Tengo especial nostalgia al recordar los de la fábrica Arata, en Liberia. Estos los bebía cuando visitaba a mis abuelitos maternos.

También tenían una bebida de limón y me parece recordar que de piña. Era muy particular estas bebidas porque yo siendo todo un citadino de Cartago  (sarcasmo) principalmente conocía las gaseosas de la Coca Cola. 

Por eso las gaseosas de kola o zarza de Arata me resultaban toda una novedad y deliciosas. Posiblemente tenían cantidades de azúcar que hoy me escandalizarían, pero que ricas eran. No sé si aún existen.

Bolis.

La bebida de frutas de Dos Pinos, la que hacían en 1986, que se empacaba en un recipiente de cartón que algunos llaman de casita. No sé que carajos tenía esa tan particular pero era la gloria. Recuerdo que en mi bolsito del kinder muchas veces iba uno de esos con un tostel o tapón y me sentía el niño más feliz a la hora del recuerdo.

Una mención especial merecen los bolis. Esas bebidas de dudosa procedencia empacados en una especie de chorizo plástico que uno compraba, rompía una esquinita con los dientes y bebía como si de un elixir de energía se tratara. Y bueno, probablemente la cantidad de azúcar que utilizaban hacía ese efecto.

¿Cuáles otros recuerdan? Me cuentan por favor.

Por lo demás Feliz Día del Niño que todos llevamos dentro.


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